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Isidoro Ocampo: Artista y Testigo del México Posrevolucionario
29 de marzo, 2015 – 7 de junio, 2015 ‌ 
Muestra retrospectiva a la vez que homenaje dedicados a la figura y obra de Isidoro Ocampo, uno de los más destacados artistas gráficos del México posrevolucionario, quien participó en algunos de los colectivos artísticos más importantes del momento: La Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, el Taller de Gráfica Popular y la Sociedad Mexicana de Grabadores. La muestra se integra por más de 200 obras originales realizadas por el autor veracruzano entre 1929 y 1980, las cuales forman parte del acervo que, a lo largo de más de 25 años, ha reunido el coleccionista Ernesto Arnoux. La exposición guarda como uno de sus objetivos destacar el significado y las aportaciones estilísticas, temáticas, técnicas e iconográficas del artista para la historia del arte moderno mexicano.

 

Presentación: 

A partir de los años veinte del siglo pasado, en paralelo a los procesos de modernización impulsados por los regímenes posrevolucionarios, tuvo lugar en México una etapa de renovación en el terreno del arte. Artistas grabadores como Leopoldo Méndez, Alfredo Zalce, Pablo O´Higgins, entre otros, dotaron a la Estampa y a las Artes Gráficas de un nuevo perfil. Estos artistas abrevaron de la tradición gráfica de entre-siglos, representada por figuras como José Guadalupe Posada y Manuel Manilla, y comprendieron el grabado, la estampa y el carácter multi-reproductible de la imagen como instrumentos eficaces para la expresión política y la transformación social.

A partir del proyecto cultural impulsado por José Vasconcelos, las décadas de los años veinte y treinta del siglo pasado fueron el marco temporal en el que muchos artistas adoptaron la identidad gremial como forma de organización, a partir de la cual se impulsaría una renovación de los códigos de la producción artística. De manera simultánea al auge del movimiento muralista, muchos grabadores, identificados con las ideologías políticas progresistas y antifascistas, conformaron distintos colectivos que conjuntaron la producción artística y la militancia política.

Isidoro Ocampo, grabador, pintor y dibujante nacido en el puerto de Veracruz en el emblemático año de 1910, ejemplifica al artista del periodo posrevolucionario que, comprometido con su tiempo, fue testigo y protagonista de una época fundamental en la historia cultural, social y política de México. 

Durante los años treinta y cuarenta del siglo pasado, Isidoro Ocampo participó activamente en los gremios artísticos que definirían una de las rutas emblemáticas del arte del México del siglo XX: La Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y el Taller de Gráfica Popular (TGP). Estos colectivos dieron un impulso significativo a la Gráfica y a la Estampa en un contexto marcado por la polarización ideológica y la disputa política, al tiempo que configuraron un vasto imaginario que define, en buena medida, uno de los horizontes referenciales en el desarrollo histórico de estas disciplinas en México. Asimismo, es destacable la contribución de Ocampo como ilustrador y profesor en distintas editoriales y centros educativos de la Secretaría de Educación Pública, así como su participación en la Sociedad Mexicana de Grabadores y en el Salón de la Plástica Mexicana. 

Hijo de un guardafaros, Ocampo vivió su primera infancia en las costas del Golfo de México. A los cinco años, él y su familia se trasladaron a la Ciudad de México. El futuro artista entró en contacto con la gran urbe; los faros marítimos fueron reemplazados por los de automóviles y por el alumbrado público de la naciente ciudad moderna. Años después, en lugar de cumplir el deseo de su padre, quien lo impulsaba a estudiar Comercio, Ocampo eligió los caminos del arte. En 1929 ingresó a la Academia de San Carlos y al Taller de Artes del Libro -antecedente de la Escuela de las Artes del Libro-, en donde fue alumno de grandes maestros grabadores como Francisco Díaz de León y Carlos Alvarado Lang. 

Si bien Ocampo formó parte de una generación de reconocidos grabadores, su obra no se sitúa exclusivamente en el campo de la propaganda y la acción política. Sus imágenes, de fuerte veta expresionista, son testimonio de los contradictorios procesos de modernización que vivió la gran capital a partir de los años treinta: paisajes citadinos, autos, escenas y escenarios de la vida nocturna; obreros, comerciantes, vagabundos y demás tipos urbanos, se amalgaman en una identificación e interpretación particular del México posrevolucionario. 

Varias décadas después, los principios que fundamentaron la vasta producción de Ocampo y de otros artistas de su generación condujeron el interés de Ernesto Arnoux hacia este creador veracruzano. Su dedicación como coleccionista, fincada más allá de sus predilecciones en la necesidad de recuperar el legado artístico de los grabadores mexicanos del siglo XX, le ha permitido reunir, a lo largo de los últimos veinticinco años, una representativa colección de gráfica mexicana del siglo XX. Entre todos los autores que se identifican en ella, Ocampo es uno de sus predilectos, su Chanoc

La generosidad de Ernesto Arnoux así como la rigurosa investigación curatorial de la especialista Laura González Matute, permiten al Museo Nacional de la Estampa, de acuerdo a su vocación y misión institucionales, presentar al público, por primera vez, la revisión más amplia realizada en torno al artista, pintor, dibujante y grabador Isidoro Ocampo, a partir de las obras que el creador veracruzano realizó a lo largo de casi siete décadas, desde finales de 1920 hasta principios de 1980. 


Museo Nacional de la Estampa



Originario del Puerto de Veracruz, Isidoro Ocampo (1910-1983) vive sus primeros años envuelto en la atmósfera de costas, litorales y crepúsculos, al acompañar a su padre como guarda faros de diversas islas. A sus 6 años, arriba a la ciudad de México para llevar a cabo su educación básica e iniciar la carrera en Comercio. Estos últimos estudios los abandona para inscribirse, a los 19 años, en la Academia de San Carlos.

El grabador y pintor veracruzano tiene la oportunidad de ser alumno de tres de los más reconocidos maestros del Grabado y la Estampa, Francisco Díaz de León, Carlos Alvarado Lang y Emilio Amero, cada uno en su especialidad: madera, metal y litografía. Bajo su tutela, Ocampo adquiere un adiestramiento profesional de excelencia e inicia su inagotable tarea de grabador, ilustrador de libros y pintor.

Desde un principio es testigo de los contrastes de la ciudad, tanto de día como de noche. Incansable caminante, pasajero del tiempo, a pie y en transporte público, observa el sentir contrastante y vívido de la metrópoli.

Asiduo a espectáculos callejeros, teatros populares y escenas cotidianas, se torna espectador del acontecer de un México de contrastes. Los marginados, indigentes o pepenadores, serán en la obra de Isidoro Ocampo un tema recurrente que, plasmado bajo un descarnado realismo y trazos expresionistas, muestra el menosprecio de una sociedad a los desheredados.

Su transitar en avenidas, calles, callejones, plazas y parques populares, lo tornan un profundo conocedor de su entorno. A través del lápiz, el pincel, la gubia, el buril y la navaja, Isidoro Ocampo ofrece, en el transcurrir de cinco décadas, una visión de la metrópoli y sus habitantes que se transforman, expanden y modifican su silueta. 

En sus estampas, óleos, gouaches, tintas y acuarelas no están sólo los dolientes. Aparecen también hombres y mujeres de la ciudad en su rutina, en su ir y venir al trabajo, a la faena, a la venta de sus mercancías, a tomar un breve descanso, a compartir en loncherías, bares y cantinas sus pesares y contentos.

Los personajes que divierten en las aceras forman también parte de su universo creativo: payasos, hombres con zancos, malabaristas, faquires y pregoneros complementan los paisajes citadinos. Así también, en el regreso a casa, muestran cansancio, pesadumbre, pobreza y desencanto. 

Algunos de sus protagonistas están de espaldas al espectador. Los desocupados, los sin trabajo, caminan cabizbajos a la expectativa de un milagro. La fiesta está presente con los sarcásticos judas e irónicos Minotauros. Máscaras de brillantes tonalidades rememoran el drama carnavalesco de la vida. Las mujeres de la noche contrastan, en sus deslumbrantes colores, con sus rostros en soledad. 

Los habitantes deambulan en una bulliciosa ciudad que no duerme. Irrumpen en el tráfico, bajo los aguaceros o el alumbrado de iridiscentes faroles, mientras continúan los espectáculos nocturnos, que los envuelve y aleja del sosiego. La ciudad poco a poco se transforma en un ámbito enajenado, hostil, al tiempo que seductor y fascinante. Algunos personajes se aíslan y enmudecen, mientras otros viven la intensidad de la noche. 

La vida nocturna no ceja en su alboroto. En una claroscura metáfora surreal, la imagen de un gato, en lo alto de una solitaria azotea rodeada de los innumerables multifamiliares, es titulada por Isidoro Ocampo: Ya no hay espacio para ver la luna…

La contundente obra de Isidoro Ocampo, plena de personajes que continúan vigentes y resguardada por el acucioso coleccionista Ernesto Arnoux, brinda una visión palpitante, aterradora y festiva del México moderno que, de los años treinta a la fecha, aun seduce, aturde, hechiza y enloquece.

Laura González Matute

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Ubicación
Av. Hidalgo 39, Plaza de la Santa Veracruz Col. Centro Histórico, del. Cuauhtémoc
C.P. 06050, Ciudad de México
Horario
Martes a domingo de 10 a 18 horas
Lunes cerrado
Consulta horario en días festivos
Admisión
Entrada general: $45 pesos
Entrada gratuita: con credencial de estudiante, profesor e INAPAM.
Domingos entrada libre
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Línea 2, estaciones:
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Bellas Artes
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Contacto
8647 5220 ext. 5443
munae@inba.gob.mx

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